09 Jun ¿Por qué la mayoría de eventos se olvidan al día siguiente?
Seguramente tú, que estás leyendo este post, hayas acudido más de una vez a eventos organizados por tu empresa. Si estuvieron bien organizados, probablemente disfrutaste, te reíste con tus compañerxs y durante unos días comentaste lo bien que lo habíais pasado.
Pero, ¿y después qué?
Hace años organicé un evento interno en una empresa donde trabajaba. No tenía un presupuesto extraordinario ni una producción espectacular y solamente un par de semanas. Sin embargo, aún hoy, cuando alguien recuerda aquella etapa de la empresa, ese evento sigue apareciendo en la conversación. Se recuerda como un ejemplo de los buenos tiempos. Y eso me hizo reflexionar sobre algo importante: la mayoría de eventos se diseñan alrededor de la logística, pero no alrededor de una intención.
Nos preocupamos por el espacio, el catering, la agenda o los horarios. Todo eso es importante, pero rara vez es lo que permanece en la memoria de las personas. En The Art of Gathering, Priya Parker defiende una idea que comparto plenamente: todo encuentro necesita un propósito claro. Debe existir un «por qué». ¿Qué queremos que ocurra? ¿Qué debería ser diferente para los asistentes cuando termine?
«Una cosa es que un evento funcione, y otra muy distinta es que deje huella»
Mirando atrás, creo que una de las claves de aquel evento fue que pusimos a las personas en el centro de cada decisión. No diseñamos el evento pensando en las actividades. Diseñamos las actividades pensando en las personas.
Creamos equipos para fomentar nuevas relaciones entre compañerxs que apenas interactuaban en su día a día. Diseñamos las actividades para que pudiera haber conversaciones relajantes y distensadas, pero que tuvieran un objetivo y tuvieran que trabajar en equipo. Incluso preparamos merchandising personalizado para cada persona. Un detalle aparentemente pequeño, pero que reforzó el sentimiento de pertenencia y les permitió llevarse una parte de la experiencia consigo. Nada de eso era imprescindible para que el evento tuviera lugar. Con un espacio, catering y medios audiovisuales habría sido suficiente. Pero una cosa es que un evento funcione, y otra muy distinta es que deje huella. Las personas puede que recuerden el lugar u otra cosa menor, pero lo que sí recordaran para siempre es como se sintieron.
Y ahí es donde los detalles cobran importancia. Porque una vez definida la intención, cada decisión debe contribuir a reforzarla. En SublimEvents nos tomamos muy en serio los detalles ya que al final marcan la diferencia como podemos ver. Son la herramienta que transforma una experiencia puntual en un recuerdo duradero.
Y, al final, el éxito de un evento no se mide por lo que ocurre ese día. Se mide por aquel mensaje de un compañerx al día siguiente, o que al cabo de semanas se deje caer en la conversación y sobretodo que la gente lo siga recordando años después.
¿Cuál es el evento de empresa que más recuerdas y qué fue lo que lo hizo especial?
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